El futuro
opinión: EL ALCALÁ Y SU ASCENSO.

Tradicional ofrenda floral de los jugadores y la directiva a la patrona de la ciudad, la Virgen del Águila.
• «El hecho de obtener el título de campeón del grupo X convierte al actual mandatario en el mejor presidente»
• «Ya era hora de que esta ciudad copara espacios en los medios nacionales que no fueran por siniestralidad»
• «Sentar las bases para lograr la estabilidad del club es prioritario, porque el paso puede ser flor de un día»
• «Habrá que remozar el obsoleto estadio, unas instalaciones que da una pobre imagen...»

Cuando, acabado el partido más importante que jamás disputó el C.D. Alcalá — el que le enfrentó al Marbella el año pasado—, la desilusión se apoderó de la afición alcalareña y cerca de cuatro mil personas abandonaron el Francisco Bono con la sensación de haber dejado escapar una ocasión única e irrepetible de coronar la Segunda División B del fútbol nacional —el escalón más alto en su ya dilatada historia—, de haber perdido definitivamente ese tren que, como el de los panaderos, nunca más volvería a pasar por Santa Lucía, un servidor, intentando huir del fatalismo y la decepción que el cero-uno cosechado frente al equipo costasoleño produjo en muchos aficionados, apostó desde estas páginas por seguir en la misma línea de trabajo —ahí está la hemeroteca— para repetir la experiencia que, doce meses después, se ha hecho realidad y, esta vez sí, con final feliz.
Y es que, efectivamente, el club gobernado por Javier Oliveros ha seguido con la labor que tan buenos resultados le ha dado desde que llegara a la presidencia: optimizar los recursos —los más generosos que jamás entraron por las puertas del Francisco Bono— haciéndose arropar por un amplío equipo de colaboradores, logrando revertir su relación con el consistorio —inicialmente, poco fluida— apostar por un plantel competitivo y recuperar a una afición cuyo apoyo ha sido determinante también a la hora de reivindicar un mayor compromiso por parte de «papá ayuntamiento» y otros patrocinadores. Una buena gestión, en suma, donde ha imperado el sentido común y el buen criterio, tanto a la hora de administrar como al confeccionar el plantel.
El hecho de obtener el título de campeón del grupo X de Tercera División convierte al actual mandatario en el mejor presidente en la historia del Alcalá, si a los resultados nos atenemos, sin atender —no vale comparar— a los medios dispuestos. Y sombrerazo para la secretaría técnica, lo suyo es de matrícula de honor. Ya de por sí, este campeonato debería haber supuesto el ascenso directo de categoría —injusta norma federativa que muchos no compartimos— pero la sensacional temporada ha sido rubricada de la mejor forma, con un salto deportivo de cuya transcendencia uno duda si somos conscientes todavía a estas alturas.
De lo que significa para este pueblo competir en una división dependiente de la Liga de Fútbol Profesional, con posibles rivales como, un poner, la U.D. Las Palmas, históricos del fútbol patrio, la entrada en juego de la televisión, la guinda añadida de la participación en la Copa del Rey... Es, la verdad, mucho para lo que estábamos acostumbrados. Y si ya en el último …—¿y fenecido?— Plan de Desarrollo Sostenible se apostaba por una entidad deportiva para convertirla en seña de identidad de Alcalá en este terreno. en aquella época los tiros iban para otro aro, ahora ya no cabe duda que esa entidad es la que preside Mr. Oliveros. Se lo han currado, sí señor.
Ya era hora de que esta ciudad copara espacios en medios nacionales que no fuera por asuntos de siniestralidad laboral, delincuencia, violencia, contaminación del Guadaíra … Pero, volviendo a lo que nos ocupa, ¿y ahora qué? Modestamente, uno piensa que convendría no morir de éxito y seguir con la política que tan buenos logros ha cosechado, sin despegar los pies del suelo y sabiendo hasta dónde podemos llegar. De nada vale construir castillos en el aire, en forma de proyecto sobredimensionado, ya que torres tan altas, o más, han caído. Ahí están los ejemplos del Dos Hermanas o del Utrera y, más recientemente, de Los Palacios. Ahora todo son palmaditas y felicitaciones, pero la volatilidad de este mundillo puede convertir las cañas en lanzas en menos que canta un gallo. Y eso es lo que nadie desea.
Sentar las bases para lograr la estabilidad del club es prioritario, porque el paso por Segunda B puede ser –—¡ojalá que no!— flor de un día. Un incremento de la masa social —todos tendremos que rascarnos el bolsillo— sacar un mayor compromiso de la «empresa» que preside Gutiérrez Limones, buscar más y mejores patrocinadores así como un mayor respaldo del comercio e industrias locales, en definitiva, una mayor involucración de la ciudad con su equipo, se nos antojan objetivos imprescindibles para abordar una categoría que requiere, para competir con cierta dignidad, cerca de ochenta millones de las extintas pesetas (según estimaciones de un alto cargo directivo), o sea, casi el doble del presupuesto de la temporada que acaba de finalizar. Casi nada.
Habrá que remozar el obsoleto estadio, unas instalaciones que dan una pobre imagen; secretaría, sala de juntas, una adecuada sala de prensa, mejorar la iluminación, los servicios, los aledaños del recinto…, son algunas de las obras a acometer más pronto que tarde; mejorar parcelas del club que, sin que ello suponga críticas a la labor que se venía ejerciendo, requieren otra imagen, cuidando las relaciones externas y con los medios; mejorar en lo posible la plantilla pero, ojo, sin tirar la casa por la ventana en fichajes que hipotequen el futuro de la entidad y sin olvidar la cantera, el mejor activo deportivo que puede poseer el Alcalá, esté donde esté.
Ahora toca disfrutar de la fiesta. La Segunda B es un premio justamente alcanzado, una alegría para el cuerpo que ojalá nos dure, pero será importante tener en cuenta nuestras posibilidades para no caer en la tentación de locuras que tiren por la borda el magnifico trabajo hasta ahora realizado entre todos: jugadores, técnicos —una parte, sin duda, le corresponde a Lozano— directiva, empleados, y, por supuesto, la afición de Alcalá que, ya desde hace unas temporadas, viene siendo el jugador número doce. Sobresaliente «cum lauden» para la grada.
Después del papelón de nuestras «figuras» nacionales en Portugal y, primordialmente, por el tristísimo y doloroso broche final de feria que hemos vivido hace pocos días, la ciudad merecía esta satisfacción que nos ha dado nuestro primer equipo. Enhorabuena, Alcalá.